AcompaƱar la adolescencia sin perderse en el intento
- revistalaprensa55
- hace 3 horas
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Narcisa Valerio
Ā La Prensa
La adolescencia es, por sĆ misma, una etapa difĆcil. No se trata solo de los cambios fĆsicos ni de actitudes que muchas veces parecen retadoras, sino de un proceso profundo de cambios internos que transforma la manera en que el adolescente se ve a sĆ mismo y entiende el mundo que lo rodea. En ese camino no solo cambia quien atraviesa la adolescencia; tambiĆ©n se mueven las seguridades, los temores y las emociones de quienes acompaƱan, especialmente de los padres.
Uno de los mayores retos de esta etapa es su carĆ”cter contradictorio. El adolescente puede buscar cercanĆa y, al mismo tiempo, marcar distancia; pedir comprensión mientras rechaza el acompaƱamiento; exigir respeto sin reconocer sus propios errores. Esta mezcla de actitudes suele generar mucha confusión en los adultos, que no siempre logran distinguir si se trata de una necesidad real, de una forma de protegerse emocional o simplemente de una manera de evitar aquello que resulta difĆcil de enfrentar.
En el dĆa a dĆa surgen muchas dudas. Dar espacio parece necesario, pero tambiĆ©n despierta el miedo de estar abandonando. Poner lĆmites se vive como una responsabilidad, pero al mismo tiempo aparece el temor de controlar demasiado. Cualquier decisión parece incompleta. Si se cede, surge la culpa por no ejercer la autoridad; si se es firme, aparecen comentarios externos que hablan de sobreprotección o rigidez. En medio de estas tensiones, muchas madres sienten que no existe un punto exacto desde donde actuar correctamente.
La adolescencia también se caracteriza por una dificultad real para expresar lo que ocurre por dentro. Muchos adolescentes no saben explicar qué les pasa. No siempre es falta de voluntad; muchas veces no cuentan aún con las herramientas emocionales ni con las palabras necesarias para ponerle nombre a lo que sienten. Lo que viven queda guardado, como encerrado, y el silencio, el aislamiento o la evasión no siempre significan rechazo. En muchos casos, son formas de protegerse frente a emociones que no logran comprender del todo.
Desde la experiencia de acompaƱamiento, es frecuente notar que en esta etapa algo parece romperse por dentro. No necesariamente a raĆz de un hecho puntual o traumĆ”tico, sino como resultado de muchos cambios que se van acumulando: en lo social, en la escuela, en la familia y en la construcción de la propia identidad. Se deja atrĆ”s una forma de estar en el mundo que antes resultaba segura, y la nueva todavĆa no termina de construirse. Este proceso puede manifestarse en la pĆ©rdida de interĆ©s por actividades que antes generaban disfrute, en el rechazo al entorno escolar, en la resistencia a participar o en una postura rĆgida frente a la autoridad.
A todo esto se suma el desarrollo de un pensamiento mĆ”s crĆtico y autónomo. El adolescente comienza a cuestionar normas, creencias y valores que antes aceptaba sin dificultad. Aparecen opiniones firmes sobre temas sociales y una fuerte defensa de la libertad personal. Aunque este proceso forma parte del crecimiento, puede resultar desconcertante para quienes acompaƱan, especialmente cuando se interpreta como un rechazo personal o como una negación de aquello que antes unĆa.
En este contexto, muchas madres viven un dolor silencioso. Duele acompaƱar a un hijo o hija que parece diferente, casi irreconocible. Duele escuchar frases como āno me entiendesā o āno me respetasā, cuando el vĆnculo ha estado marcado por el cuidado, la presencia y el amor. Duele aceptar que la cercanĆa de la infancia ya no es la misma y que, aun asĆ, es necesario seguir estando.
AcompaƱar la adolescencia exige una fortaleza emocional constante. No se trata de tener todas las respuestas, sino de aprender a sostener la incertidumbre sin desesperarse. De aceptar que no siempre se sabrĆ” si se estĆ” actuando de la mejor manera, pero que la presencia afectiva sigue siendo necesaria, incluso cuando no es solicitada. AcompaƱar en esta etapa implica aprender a estar sin invadir, a poner lĆmites sin romper el vĆnculo y a confiar, aun cuando el proceso resulte doloroso.
La adolescencia no es solo una etapa de crecimiento para quien la vive; tambiĆ©n transforma profundamente a quienes acompaƱan. Obliga a soltar seguridades, a revisar expectativas y a desarrollar una paciencia que muchas veces no se sabĆa que se tenĆa. AcompaƱar la adolescencia sin perderse en el intento no significa hacerlo todo perfecto, sino mantenerse disponibles, atentos y humanos, incluso cuando el camino no es claro y el proceso duele.
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