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  • revistalaprensa55

Tiempo y contexto



Juan Marichal, gloria del béisbol y excepcional miembro del salón de Cooperstown tendría hoy que enfrentar a jugadores con más habilidades y poder que en su época. José (Pepe) Rozón pasaría trabajo debajo de los tableros porque conseguir rebotes tiene en las nuevas generaciones del baloncesto jugadores muy altos. Heyda Joaquín, otrora figura indiscutida del voleibol no sería la primera opción ofensiva con las Reinas del Caribe. Mario Álvarez llenó de trofeos al seleccionado de tenis de mesa, pero ponerlo a competir con los veloces miembros del equipo nacional del ping pong resultaría de alto riesgo.

La oratoria de Santiago Guzmán Estrella no conecta con los jóvenes del siglo 21. No me imagino a Manuel Arturo Peña utilizando a Google como fuente de investigación en sus enjundiosas investigaciones. En el mundo del derecho, la sapiencia incidental del doctor Sánchez Morcelo se reputaría de necedad ante un ordenamiento procesal pautado por límites específicos. Se torna impensable que, con parámetros de derechos humanos, un sanguinario de nombre Moncho Henríquez tenga algún tipo de responsabilidad en la institución policial. Ángel Oscar García llenó los ojos de ingenuos ahorrantes que depositaron sus recursos en la financiera INTERDOSA, y terminaron quebrados ante el fraudulento uso de sus ahorros.

En la vida, entender la dinámica del tiempo resulta de bastante utilidad. Y el mayor riesgo que corre cualquier ciudadano, pero fundamentalmente los que se dedican a la actividad partidaria consiste en no entender el momento en que se tornan disfuncionales. Por eso, los cambios experimentados en toda sociedad se traducen en conectar nuevos valores en capacidad de encabezar procesos de transformación. Imagínense a Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, en el mundo de Zoom e Instagram. Esos cerebros irrepetibles sin importar su condición excepcional, no se acomodarían al actual contexto. No los estoy disminuyendo, por el contrario, si hubiesen tenido la oportunidad actual, su dimensión intelectual y política se multiplicaría.

La actividad partidaria requiere una interpretación efectiva en términos de tiempo y espacio. Lo que ayer resultó efectivo, si se calca, no necesariamente obtendrá similares resultados. Inclusive, en países como el nuestro de constantes cambios y transformaciones, lo único que se asume de tragedia irremediable reside en colocarse los ojos en la espalda para no avanzar con la efectividad que demandan las circunstancias.

Los retornos serán posibles en la medida que desde el presente no se creen las condiciones de únicamente mirar hacia adelante. En febrero y agosto nos daremos cuenta.

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