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Las denominaciones cristianas

Por FAUSTO PIÑA




Los tiempos han ido demostrando que el ser humano no es estático, sino que es un desarrollador de las cosas materiales e inmateriales. De ahí que, no es extraño que en este siglo tengamos que hablar de denominaciones cristianas, y no como debiera ser hablar o escribir de las iglesias de Cristo. En la primera, se denomina nombres para diferenciarlas una de las otras, mientras que, en la segunda, indica la autonomía de cada una con respecto a las demás.

El pensamiento de Jesús el Cristo, cuando habló de edificar su iglesia, no estaba incluyendo la diversidad de iglesias, sino que la misma iglesia, entiéndase las doctrinas, sean las mismas en los diferentes lugares que ella llegara a existir. Las personas, quienes conforman la iglesia en un lugar, serían diferentes, pero con las mismas enseñanzas y prácticas, conforme a las palabras de Cristo. Por eso, él dijo: «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» Mt. 16:18.

El apóstol más aventajado de Cristo, Saulo de Tarso, llamado Pablo, y a la vez, considerado el apóstol de los gentiles, tenía exactamente la idea de Cristo, es decir sabía que la iglesia es del Señor, como enseñara a los obispos o ancianos de la iglesia en Efeso: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» Hc. 20:28.

Por lo visto, Pablo no entraba en componendas de establecer denominaciones cristianas, pues, no debía ponerle nombre a la iglesia, sino indicar que la iglesia es propiedad de Cristo. Es así, como él trabajó en diferentes partes, comenzando iglesias, tal como en Tesalónica, Colosas, Efeso, entre otras, y nunca las denominó, sino que como escribiera a la iglesia en Roma, dijo: «Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo» Rom. 16:16.

Las iglesias de Cristo, sólo pueden denominarse por el lugar donde estén, como decir: «la iglesia en Efeso,» «la iglesia en Esmirna,» «la iglesia en Pérgamo,» «la iglesia en Tiatira,» Apoc. 2:1,8,12, 18. En consecuencia, los nombres dados a las iglesias no son correctos, puesto que, siendo propiedad de Cristo, nadie debiera prestarse para confundir a las personas y mucho menos para desviar la verdad de Dios ante los hombres.

Las denominaciones cristianas son productos de las desviaciones históricas del cristianismo, desde el primer siglo, acentuándose a partir del segundo siglo hasta ahora. Esto evidencia, las divisiones que han surgidos, siendo las más notables, la primera en el siglo XI, cuando se dividió la llamada «iglesia,» la cual comenzó a desviarse de la verdad de Dios, desde antes del Emperador Constantino, dando origen a la «iglesia del Este,» y «la iglesia del Oeste,» en el continente europeo.

Esa división anterior hizo posible una segunda división de importancia, en el siglo XVI, cuando la «iglesia del Este» de Europa, se divide con la llamada Reforma. En ese entonces, había tres grandes iglesias, cuyos orígenes eran las diferencias doctrinales, ya no creían lo mismo. Permítanme mencionarlas «Iglesia católica, Apostólica y Romana,» «Iglesia Ortodoxa Griega» y la «Iglesia Protestante». Estos son nombres para diferenciar, por eso son denominaciones cristianas.

La situación es, ¿debemos seguir perpetuando las denominaciones cristianas, o debemos volver al principio? Si cada creyente renunciara ese producto de la diferencia doctrinal, entonces, se puede encontrar con el concepto de iglesia planteado por Cristo y Pablo. Lo sabio es volver a la palabra, como está escrito: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» Jn. 8:31, 32.

Las denominaciones cristianas, son todas las que profesan a Cristo, pero Cristo tiene una iglesia a la cual es bueno pertenecer. No debe tener nombre, sino que pertenece a Cristo; debe fundamentarse en el Nuevo Testamento, y debe tener como misión predicar el evangelio al mundo. Ah, no debe recolectar diezmo, ni usar instrumentos musicales ni danzar ni usar algo que no fue parte de la iglesia del primer siglo, en cuanto a doctrina se refiere.

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