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  • revistalaprensa55

Las deficiencias conductuales tienen su origen en el hogar



Sectores preocupados por informaciones de actos que se producen en algunos centros educativos, específicamente por comportamientos inusuales en jóvenes, no llegan a comprender que, tal como dice el conocido refrán, la fiebre no está en la sábana. Y es que lo que ocurra en cualquier lugar donde se aglomeran personas, en este caso jóvenes estudiantes, no se pueden considerar culpables de tales situaciones, pasando por alto que las conductas que exhiben los muchachos fuera de sus casas son generalmente un reflejo de lo que han aprendido en el hogar.

Muchas veces he escrito sobre la necesidad de ahondar en la enseñanza de las normas morales y cívicas. No solo en los centros de enseñanza, sino en el núcleo familiar. Porque a lo largo de los años se han manifestado resistencias a que las enseñanzas de orden moral y de civismo, incluso religioso, sean impartidas en los centros educativos. Enseñanzas que de alguna manera contribuyen a fortalecer o a suplir las que se observan e imparten en los hogares.

Por eso, reitero constantemente pensamientos fundamentales del humanismo y del cristianismo, los cuales de alguna manera están entrelazados. Porque contribuyen al moldeamiento del comportamiento humano en todos los sentidos. Pues de la misma manera en que la naturaleza material es transformada por el espíritu, la comunidad humana debe encontrar su verdadera forma según las leyes del espíritu.

El humanismo y el cristianismo se aliaron. Ambos están unidos en la fe y en las posibilidades de un conocimiento objetivo de la verdad. En la fe y validez de las normas morales y por consiguiente en la idea de un derecho determinado por la justicia. Se aliaron por estar unidos en la fe en un mundo espiritual invisible que está más allá del mundo perceptible, y también, en la convicción de que los seres humanos forman parte, según su esencia de ese mundo espiritual.

Uno de los orígenes del humanismo fue la lucha contra el capricho, propio del subjetivismo. Contra falsa teoría que consideraba el derrumbamiento del mito como el final de toda autoridad e interpretaba la afirmación de que “el hombre es la media de todos los valores” en el sentido del subjetivismo radical. El humanismo busca la autoridad y la encuentra en el Espíritu, cuyas leyes dan al cosmos su unidad y su orden, en tanto que indican al individuo y a la comunidad humana, el camino que conduce al estado en el que, el verdadero ser encuentra su realización.

La verdadera libertad se logra cuando el ser humano es capaz de dominar todas las motivaciones que pudieran acorralarlo, y por lo tanto, solo es posible cuando está regida por normas conductuales y leyes que provoquen respeto y conduzcan al buen vivir en comunidad.

Si bien los centros educativos deben impartir y manejar adecuadamente estas enseñanzas de moral y cívica como elementos coadyuvantes a las buenas costumbres, estas enseñanzas deben y tienen que iniciarse con más fervor en los hogares. Sin olvidar, que producto de la grave pandemia padecida por la humanidad, sobre todo los jóvenes requieren mayor atención en materia de salud mental. Y para eso, además de los maestros, los padres y todos los guías espirituales del país, particularmente los católicos, tienen que insistir en ese objetivo.

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