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PEDRO CAMILO, CABALLERO DE FINA ESENCIA

  • revistalaprensa55
  • hace 4 minutos
  • 2 Min. de lectura

Fue un prosista exquisito, médico ginecólogo -obstetra, testigo de su tiempo y, sobre todo, un alma bondadosa.

POR FRANCISCO ORTEGA POLANCO

La Prensa

Para los jóvenes escribidores del Salcedo de los 80, Pedro era un referente. Leímos sus cuentos, algunos merecedores del Premio Literario del Ateneo Minerva Mirabal (una premiación seria).

Pedro no aparentaba más de lo que era. Quizás taciturno, tímido, muy serio, pero esencialmente sencillo, natural, real.

Le tocó ser médico pasante en un hospital pueblerino, casi rural, donde los partos se hacían sobre recipientes simples y, contaba la hazaña que significaban.

Era singularmente sensible: recreaba de cómo asistió a doña Cielito, en el Hospital Cabral y Báez, cuando traía al mundo a Bernardo (otro artista genuino salcedense) y, estuvo en la hora final de Bernardo, unos años después, acompañando también a Cielito. Como si fuera la circularidad narrativa de un cuento, meta literatura.

Pedro leyó los garabatos y, después, los progresos de algunos de nosotros, con respetuosa generosidad.

Puzle, El caballito de madera, los sueltos en las redes, las conversaciones…Pedro enseñaba discretamente el buen escribir y el buen vivir.

El azúcar, Francisco, ese es el enemigo me advirtió en la última conversación que tuvimos en casa de Big Girl (Yanet, su sobrina).

Recientemente, la profe Emelda me habló del mal estado de salud de Pedro, y hoy nos enteramos de su deceso.

Pedro fue un gran ser humano, un salcedense del que debemos sentirnos orgulloso y un amigo de esos que inspiran a Cortez, por el vacío y por la llama perenne que no puede apagar toda el agua de los ríos. Dice la canción de Fernandito que a los cantantes que mueren se les canta. Vale hacer una paráfrasis y decir que a un escritor que muere se le escribe…

De tu amigo, Francisco. Por la nostalgia de sigue sabiendo a menta, sobre la banda sonora de Franck Purcell.

Nota: la imagen es propiedad de Francisco Manuel Ortega (Pachincito).

Texto e imagen extraídos del Club de Lectura Emelda Ramos.

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