El Carnaval de Salcedo: Una mirada entre el dolor y la cultura de un pueblo que llora y baila en las calles.
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Por Cristalina Jáquez Díaz
La Prensa
Hay pueblos que celebran para olvidar, y otros que celebran para recordar quiénes son. Salcedo pertenece a los segundos. Durante décadas, su carnaval no ha sido únicamente una fiesta: ha sido un acto de identidad, una coreografía colectiva donde niños, jóvenes y adultos aprendieron a reconocerse a través del color, la música, la máscara y el papel.

En Salcedo, el carnaval no se observaba desde la acera; se vivía desde el cuerpo, desde la casa, desde la familia. Por eso, cuando el fuego irrumpió en marzo de 2024, no quemó solamente trajes ni comparsas. Quemó certezas. Quemó la idea profundamente humana, de que la cultura popular es siempre un espacio seguro. Aquel día, el carnaval dejó de ser solo celebración para convertirse en herida abierta, en duelo compartido, en un silencio que todavía pesa sobre las mismas calles donde antes se bailaba.
La tradición
Amar lo que se repite no es una rutina vacía, sino un acto de pertenencia. El Carnaval de Salcedo se construyó desde abajo, desde la gente. No nació en oficinas con aire acondicionado, ni fue diseñado por gestores culturales expertos; surgió del deseo popular de expresarse.
Los macaraos, con sus trajes multicolores elaborados artesanalmente con papel crepé, encarnan esa estética humilde y poderosa de la cultura dominicana: belleza hecha con poco, creatividad nacida de la calle.
Para muchas familias, el carnaval marcaba un antes y un después: la primera vez que un niño se vestía de macarao era también su entrada simbólica al corazón del pueblo. El niño que se disfrazaba por primera vez, la madre que ayudaba a pegar el papel, el padre que miraba orgulloso desde la acera.
Febrero no era solo un mes del calendario; era una promesa colectiva: volveremos a encontrarnos, volveremos a ser comunidad. Ese amor por la tradición no era ingenuo. Era consciente del desorden, del riesgo, del carácter popular de la fiesta. Pero era, sobre todo, un amor compartido, sostenido por la confianza de que el espacio público también podía ser un espacio de seguro.
La tragedia de 2024: Cuando la fiesta se convierte en herida El 10 de marzo de 2024, durante el cierre del carnaval, esa confianza se quebró. El incendio provocado por fuegos artificiales en una de las cuevas donde se encontraban participantes, muchos de ellos niños, transformó un ritual de cierre en una escena de horror. El fuego avanzó con rapidez sobre trajes altamente inflamables, dejando cuerpos heridos, familias destrozadas y un pueblo entero suspendido entre la incredulidad y el dolor.

En las horas posteriores, las redes sociales se convirtieron en un espacio de catarsis colectiva, donde el dolor individual se expresó y compartió como una herida común. Una ciudadana de Salcedo escribió: “En mi pueblo acaba de suceder una tragedia… esta cueva estaba llena de niños y niñas disfrazados”. No se trataba de una narración de los hechos. Era una expresión cruda del quiebre emocional de una comunidad que jamás imaginó que su fiesta más querida se convertiría en escenario de muerte.
La dimensión política del dolor: La tragedia de Salcedo no puede analizarse únicamente como un accidente. Hacerlo sería reducirla a un hecho aislado y eximir de responsabilidad a quienes, desde el ámbito público, tienen el deber de garantizar condiciones mínimas de seguridad para el ejercicio de la cultura.
Aquí emerge con fuerza la dimensión política del dolor. El Estado dominicano ha exaltado históricamente el carnaval como símbolo de identidad nacional, patrimonio cultural y atractivo turístico. Sin embargo, esa exaltación simbólica no ha ido acompañada, de manera consistente, de políticas públicas integrales que aseguren prevención, regulación y acompañamiento técnico en los territorios donde estas tradiciones se viven con mayor intensidad.
Existe una contradicción profunda: la cultura popular se celebra cuando produce espectáculo, pero se abandona cuando exige inversión, planificación y responsabilidad institucional. Esta lógica revela una política cultural más interesada en la imagen que en la protección de la vida.
La gestión cultural en este caso fue reactiva, no preventiva. Hubo mensajes de condolencias, cancelaciones simbólicas y promesas de investigación, pero antes del incendio no existían protocolos claros sobre el uso de materiales inflamables, manejo de pirotecnia ni adecuación de espacios donde participaban menores de edad. El vacío normativo no fue casual; respondió a una forma de entender la cultura como algo espontáneo, tratado institucionalmente como “folklore”, sin planificación técnica ni gestión del riesgo.
Desde una perspectiva política, esto constituye una forma de desigualdad cultural. Los grandes eventos urbanos suelen contar con mayores controles y recursos; los carnavales provinciales dependen, en gran medida, del esfuerzo comunitario. El riesgo, en consecuencia, también se descentraliza.
Centralismo y periferia: La cultura como frontera de desigualdad. Salcedo no es una excepción. La tragedia revela un patrón histórico: la fragilidad de la gestión cultural en las provincias frente al centralismo del Estado. La cultura producida fuera de la capital es celebrada como “auténtica”, pero rara vez protegida con la misma rigurosidad.
Cuando la fiesta funciona, se celebra la alegría del pueblo. Cuando ocurre una tragedia, se individualizan responsabilidades y se diluye la culpa institucional. Esta lógica resulta éticamente insostenible. La política cultural no puede limitarse a subvenciones ocasionales ni a discursos conmemorativos; requiere planificación territorial, formación comunitaria y una ética del cuidado que coloque la vida por encima del espectáculo.
El duelo como acto político y cultural
La decisión de Salcedo de suspender su carnaval en 2025 y sustituirlo por actos religiosos en memoria de las víctimas no fue una derrota cultural, sino un gesto de profunda dignidad. El pueblo entendió algo esencial: no se puede bailar sin antes llorar juntos. Este acto de pausa tiene una enorme carga política. En un país donde el dolor suele diluirse rápidamente en la agenda pública, Salcedo eligió recordar. Eligió decir que su cultura no está por encima de la vida. Paradójicamente, fue la comunidad, no el Estado, la que asumió la decisión más responsable y humana.
Entre el dolor y la esperanza: Una cultura que se transforma
Hoy, el Carnaval de Salcedo habita una frontera delicada. No ha muerto, pero tampoco es el mismo. Y quizá nunca deba serlo. Las culturas vivas no regresan intactas después de unatragedia; se transforman. El desafío es cultural y político a la vez: ¿cómo recuperar la fiesta sin repetir el error?, ¿cómo garantizar que la tradición siga viva sin poner en riesgo a quienes la sostienen?, ¿cómo lograr que el Estado acompañe sin controlar, proteja sin folklorizar?
El caso de Salcedo nos deja una lección incómoda pero necesaria: La tragedia reveló un riesgo estructural largamente ignorado: una tradición cultural sostenida sin normas claras, sin planificación técnica y sin una institucionalidad capaz de proteger la vida. Celebrar una tradición no debe implicar exponerse a la muerte. Cuando eso ocurre, no estamos ante una falla cultural, sino ante una falla política.
Salcedo sigue siendo un pueblo que baila, pero ahora también es un pueblo que recuerda. Y recordar, en este contexto, es un acto de justicia. La memoria se convierte en advertencia, y la cultura, lejos de desaparecer, exige transformarse para seguir viva. Porque un pueblo puede amar profundamente su tradición y, al mismo tiempo, exigir que nunca más le cueste la vida.
Referencias bibliográfica
Diario Libre. (2024, 10 de marzo). Carnaval de Salcedo: personas quemadas se elevan a 18. https://www.diariolibre.com/actualidad/sucesos/2024/03/10/carnaval-de-salcedopersonas-quemadas-se-elevan-a-18/2638910
Diario Libre. (2024, 10 de marzo). Se incendian trajes de personas en carnaval de Salcedo; varios heridos. https://www.diariolibre.com/actualidad/sucesos/2024/03/10/seincendian-trajes-de-personas-en-carnaval-de-salcedo-10-quemados/2638863
Dominican Today. (2024, March 11). Carnival celebration in Salcedo ends in tragedy. https://dominicantoday.com/dr/local/2024/03/11/carnival-celebration-in-salcedo-endsin-tragedy/
Dominican Today. (2024, March 27). The eighth victim of the Salcedo carnival dies. https://dominicantoday.com/dr/local/2024/03/27/the-eighth-victim-of-the-salcedocarnival-dies/ Dominicana Online. (s. f.). Carnavales de la República Dominicana.
https://www.dominicanaonline.org/cultura/carnavales/ Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE). (s. f.). Carnaval de Salcedo.
Diccionario Cultural Dominicano. https://diccionario.funglode.org/carnaval-desalcedo/
Listín Diario. (2025, 31 de enero). Este año Salcedo no tendrá carnaval. https://listindiario.com/la-republica/provincias/20250131/ano-salcedo-tendracarnaval_843632.html
Ministerio de Cultura de la República Dominicana. (2024). Ministerio de Cultura cancela
Desfile Nacional de Carnaval en solidaridad con las víctimas de Salcedo.
Misalcedo.com. (s. f.). Nuestro carnaval. https://www.misalcedo.com/nuestro_carnaval1
Wikipedia. (s. f.). Carnaval en la República Dominicana.









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