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Testimonio de un agradecido/Doctor Jesús Emilio Almonte, un gran médico Coloproctólogo y de vocación

  • revistalaprensa55
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura

Con los estudios que me había hecho Melissa me dirigí con el fardo de recomendaciones debajo del brazo, hasta un centro clínico de San Francisco de Macorís, en donde labora el susodicho.

El doctor Jesús Emilio Almonte junto a su equipo médico, los doctores Evelin Peña –anestesióloga, Alex de la Cruz, Cristopher de la Cruz y su asistente Felicia Escolástico
El doctor Jesús Emilio Almonte junto a su equipo médico, los doctores Evelin Peña –anestesióloga, Alex de la Cruz, Cristopher de la Cruz y su asistente Felicia Escolástico

POR RAFAEL SANTOS

Recientemente y por algunos dolores estomacales, visité a la doctora Melissa Ortega en uno de los centros asistenciales de salud, de Salcedo, en donde luego de algunos estudios de rigor hecho a través de un Video-Colonoscopísta con Polipectomía de Asa Diatrémica, se determinó que en mis organismos intestinales había un Pólipo Tubulovelloso con Cambios Displásicos de Bajo Grado, pero que tal y como me dijo la bella facultativa, era de cierto cuidado y que por lo tanto había que extirparlo para evitar un cáncer no tan a largo tiempo.

Sin embargo, y al no contar con la experiencia y los instrumentales para tal procedimiento médico, Melissa, con una hermosa sinceridad a flor de labios me refirió hasta una de las manos más expertas con que cuenta la Región del Cibao para estos menesteres; hasta el Doctor Jesús Emilio Almonte, médico Cirujano General con especialidad en Coloproctología, y además de ser Laparoscopista, o sea, no cualquier cosa en materia de salud gastrointestinal.



Con los estudios que me había hecho Melissa me dirigí con el fardo de recomendaciones debajo del brazo, hasta un centro clínico de San Francisco de Macorís, en donde labora el susodicho. Allí y con los típicos nervios alterados para ver mis dolencias por otras manos especializadas, esperé pacientemente, al tiempo que por mi mente pasaron milenarios minutos que les confieso, me alteraron mis razonamientos.

Ya frente al doctor Jesús Almonte, sentí desde sus primeras palabras un gran aliento, pues además de medico con vasta experiencia, este señor al parecer se especializó en un tipo de psicología que se deja ver tan pronto la persona comienza a dialogar y a presentarle sus problemas de salud, algo sumamente importante para quienes como quien escribe estas líneas, les tiene temor a las consultas médicas.

Pude observar que no estaba frente a cualquier médico. No era un galeno común (no por su especialidad sino por sus dotes de ser humano y ese gran espíritu comunicativo), pero, además, por el cúmulo de confianza que la persona siente una vez está frente a él y este abre su boca para dar inicio a los típicos procedimientos médicos que se deben hacer a cada quien de manera particular.

No está de más está decir, que el pasado miércoles y junto a su equipo compuesto por los doctores Evelin Peña –anestesióloga, Alex y Cristopher de la Cruz, además de su asistente Felicia Escolástico, este gran ser humano hizo lo que debía de hacer; extirpar esa masa que con su serena amenaza crecía en mi interior gástrico y la que si me descuidaba podía enviarme en no tan breve tiempo a una enfermedad de la cual tal vez no iba poder escapar.

Este hombre, más que buscando anotar mi nombre dentro del largo listado de sus pacientes, hizo su trabajo con esa pasión, con ese amor por salvar vida y ese don de conectividad que solo los buenos médicos poseen y que en el doctor Jesús Emilio Almonte encontramos a borbotones.

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