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Gonzalo Castillo y el Dilema de la Sucesión en el PLD

  • revistalaprensa55
  • hace 14 minutos
  • 4 Min. de lectura

Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes

En la política dominicana, como en los viejos relojes de pared que marcaban las horas en las casas de madera del Santo Domingo antiguo, el tiempo no avanza de manera uniforme: se detiene, se adelanta, retrocede y, a veces, parece esperar a un hombre determinado para volver a moverse.

Así ocurre hoy con el Partido de la Liberación Dominicana, que tras haber gobernado durante dos décadas, vive la silenciosa ansiedad de los partidos históricos cuando sienten que el calendario electoral avanza más rápido que su capacidad para producir un relevo creíble.

En ese escenario vuelve a pronunciarse un nombre que ya ha dicho su última palabra: Gonzalo Castillo.

Su figura ha flotado en el imaginario político como esos personajes que, después de una derrota, no desaparecen del todo, sino que se retiran a una especie de penumbra expectante, aguardando que cambie el clima del país, que la memoria colectiva suavice sus juicios y que las circunstancias vuelvan a necesitar aquello que en otro momento no supieron valorar.

La pregunta ya no es, entonces, si puede ser candidato en 2028, sino si el tiempo político dominicano volverá a coincidir con su perfil.

El PLD, heredero del pensamiento organizador de Juan Bosch, siempre se concibió como un partido de cuadros, no de improvisaciones.

Bosch enseñó que la política es, ante todo, formación doctrinal y disciplina histórica. Sin embargo, el poder, cuando se prolonga durante años, tiende a modificar la naturaleza de los partidos: los convierte en maquinarias administrativas, en estructuras de gestión estatal que privilegian la eficacia sobre la narrativa ideológica.

De ese proceso surgieron líderes técnicos, ejecutivos eficientes, gerentes de obras y de resultados, entre los cuales Gonzalo Castillo fue, sin duda, uno de los más visibles durante su paso por el Ministerio de Obras Públicas.

Pero la historia dominicana muestra que la eficiencia administrativa no siempre se traduce automáticamente en liderazgo político duradero.

Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Danilo Medina, Hipólito Mejía y luego Leonel Fernández y Luis Abinader  comprendieron que el poder exige algo más que gestión: exige relato, simbolismo, continuidad histórica y, sobre todo, la capacidad de representar una etapa del país.

El candidato que triunfa no es solo el que construye carreteras o aeropuertos; es el que logra convencer a la nación de que encarna su futuro.

El dilema del PLD es, en el fondo, el mismo que viven los grandes sistemas políticos del mundo contemporáneo: cómo producir sucesión sin fractura.

En China, en Rusia, en Francia o en Estados Unidos, los partidos y los Estados enfrentan la misma pregunta silenciosa: ¿quién representa la continuidad legítima del proyecto histórico cuando el líder dominante ya no puede o no debe volver?

Esa interrogante, que parece abstracta en los tratados de ciencia política, se vuelve concreta en el rostro de cada aspirante.

En el caso dominicano, el PLD no solo compite con el PRM en el poder ni con la Fuerza del Pueblo en la oposición; compite consigo mismo, con su pasado de gobierno, con su legado de estabilidad económica y con la nostalgia de un período que muchos sectores aún recuerdan como una etapa de orden y crecimiento.

En ese contexto, la figura de Gonzalo Castillo se convierte en un símbolo ambiguo: representa la continuidad administrativa del ciclo 2012–2020, pero todavía debe demostrar que puede transformarse en una continuidad política con voz propia.

Su posible candidatura en 2028 dependerá menos de su voluntad personal que de tres fuerzas que suelen decidir el destino de los aspirantes: la justicia, la organización partidaria y el humor del país.

Si su situación legal queda definitivamente despejada, si logra reconstruir dentro del PLD una base política autónoma y si el electorado dominicano entra en una fase de alternancia después de varios años de gobierno del PRM, entonces su nombre podría reaparecer con naturalidad en el escenario electoral, como un actor que nunca salió del todo del teatro político nacional.

Sin embargo, la historia enseña que los partidos no eligen únicamente al candidato más posible, sino al más necesario para la etapa que atraviesan.

El PLD deberá decidir si busca un rostro que simbolice renovación generacional, un dirigente de trayectoria doctrinal que recupere la mística boschista, o un gestor probado que garantice eficacia y recursos organizativos.

En esa ecuación, Gonzalo Castillo posee fortalezas evidentes, pero también la obligación de reinventarse como líder político pleno y no solo como administrador exitoso de un período gubernamental.

La política dominicana, que tantas veces ha sorprendido con regresos inesperados y relevos que parecían improbables, no cierra nunca del todo las puertas.

Los candidatos no desaparecen: se transforman, se reposicionan o esperan. Y el país, que tiene la memoria corta para el agravio y larga para la necesidad, suele volver la mirada hacia aquellos que alguna vez estuvieron a punto de alcanzar el poder, preguntándose si, en otra circunstancia histórica, habrían sido la respuesta correcta.

Así, la eventual candidatura de Gonzalo Castillo en 2028 no es solo un asunto de aspiración personal ni de estrategia partidaria; es, en esencia, un capítulo más del eterno problema de la sucesión política en la República Dominicana.

Un problema que atraviesa generaciones, que ha marcado el destino del PRD, del PLD y ahora del PRM, y que recuerda, con la obstinación de las viejas lecciones históricas, que ningún partido sobrevive sin resolver a tiempo quién será el rostro legítimo de su próximo ciclo de poder.

El tiempo político dominicano aún no ha dado su veredicto definitivo.

Pero, como en los relojes antiguos que parecían detenidos y de pronto volvían a sonar con precisión inesperada, no sería extraño que, llegado el momento, el país vuelva a escuchar un nombre que muchos creen ya escrito en el pasado, cuando en realidad todavía está esperando su hora.

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