El «te voy a demandar» como mecanismo de intimidación contra la comunicación en La Vega.

Por Winston Hernández
En La Vega parece haberse puesto de moda una expresión cada vez que una publicación periodística, un comentario o un análisis toca determinados intereses: «Te voy a demandar».
Hoy quiero analizar este tema crudo, frío y sin cortapisas.
Históricamente, el ejercicio de la comunicación ha generado reacciones entre quienes se sienten afectados, directa o indirectamente, por publicaciones periodísticas o análisis difundidos en radio, televisión y, ahora, en las plataformas digitales.
En la República Dominicana, los delitos contra el honor están regulados actualmente por el Código Penal (Ley núm. 74-25 y su modificación), que contempla en sus artículos 208, 209, 210 y 211 la difamación, la difamación extorsiva, la injuria y las excepciones o protecciones aplicables, respectivamente. En particular, el artículo 211 establece garantías relevantes para las opiniones y críticas relacionadas con corrupción, políticas públicas, función pública, servicios públicos y actuaciones contrarias al interés público, siempre que estén sustentadas en elementos probatorios y precedidas de una verificación razonable. A esto se suman los artículos 21 y 22 de la Ley núm. 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología, relativos a la difamación y la injuria cometidas mediante medios
Lo preocupante es cuando la amenaza judicial pretende convertirse en un mecanismo de intimidación frente al trabajo periodístico.
Quien considere vulnerados sus derechos tiene las vías legales correspondientes para reclamar. Eso es parte del Estado de derecho. Pero acudir a la justicia implica también asumir las reglas del proceso, sustentar lo que se alega y respetar el derecho de cada parte a responder conforme a la ley.
El periodismo, por su parte, tampoco significa ausencia de responsabilidad. Quien informa tiene el deber profesional de verificar, contrastar y documentar.
Y ahí está la diferencia.
Durante más de 40 años he defendido una manera de ejercer esta profesión: documentar antes de publicar.
Mi trayectoria no se construyó ayer ni nació con las redes sociales. He procurado que mis publicaciones estén sustentadas en fuentes, documentos y hechos que puedan ser examinados.
Sin embargo, vivimos una época en la que cualquiera puede utilizar una red social para lanzar acusaciones, cuestionar reputaciones o afirmar alegremente que determinado periodista «cobra» para publicar una información. Se hacen señalamientos sin aportar pruebas y, muchas veces, sin medir las consecuencias.
También quienes ejercemos el periodismo tenemos honra, reputación y derechos.
Por eso ha llegado el momento de establecer diferencias. No todos los que tienen un teléfono celular, un micrófono o una cuenta en una red social ejercen periodismo. Tampoco puede colocarse en el mismo saco a quienes utilizan los medios para otros propósitos y a quienes hemos construido una trayectoria profesional basada en la responsabilidad.
Yo soy periodista y lo digo con orgullo.
No ando buscando dos mil pesos ni chantajeando a nadie. Quien tenga pruebas de una actuación incorrecta de mi parte, que las presente públicamente y asuma la responsabilidad de lo que afirma.
No me escondo detrás de cuentas restringidas. Mis espacios en Facebook, Instagram, X y TikTok son públicos porque entiendo que, por la naturaleza de mi profesión, estoy sometido al escrutinio de la sociedad.
Pero una cosa es el escrutinio y otra muy diferente intentar enlodar la dignidad de una persona mediante acusaciones irresponsables.
El periodismo serio no puede confundirse con el ruido de las redes sociales.
Ser periodista implica preparación, criterio, responsabilidad, ética y conciencia de las consecuencias que puede generar una publicación. La velocidad de las plataformas digitales no elimina esos principios; por el contrario, obliga a ser todavía más rigurosos.
También debemos dejar de llamar periodista a cualquiera que aparezca frente a una cámara o detrás de un micrófono. Comunicar puede hacerlo cualquier ser humano; ejercer profesionalmente el periodismo supone responsabilidades muy distintas.
Las autoridades, los empresarios, los dirigentes y los diferentes sectores de La Vega deben entender que una prensa responsable no puede trabajar condicionada por presiones o amenazas. De la misma manera, los periodistas debemos comprender que nuestra función no nos coloca por encima de la ley ni nos concede licencia para afectar irresponsablemente la honra de nadie.
Ese equilibrio es fundamental.
En mi caso, continuaré haciendo lo que he hecho durante décadas: investigar, documentar, preguntar, analizar y publicar.
Mi nombre es Winston Hernández. Soy periodista y mi dignidad profesional no está en venta.
El periodismo responsable no necesita gritar para demostrar su fortaleza.
Necesita documentos, fuentes, hechos y carácter para publicarlos





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