Al fin: la energía solar libre de restricciones
- revistalaprensa55
- hace 2 horas
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La República Dominicana queda abierta a la introducción de energía solar sin la pesadez de trámites y plazos interminables.

Queda en el pasado un absurdo reglamento dirigido a la “Protección de la capacidad instalada” que en el parque energético local está constituida mayormente por generadores ineficientes, de alto costo operativo y contaminadores masivos por la quema de combustibles fósiles. Era una herramienta legal para sobreproteger obsolescencias con trabas contundentes a las iniciativas ciudadanas y corporativas dirigidas hacia el uso de medios alternativos de obtener electricidad con gran economía, y hasta gratis, incluyendo el empleo de los maravillosos paneles solares que convierten al astro rey en un benefactor para la humanidad.
En Puerto Rico (para no ir mas lejos) ya miles y miles de familias producen en sus techos -captando el fulgor infinito que les llega del cielo- una buena parte del fluido que energiza sus hogares y hasta obtienen excedentes que por paga introducen a la red nacional en excelente sociedad con las empresas tradicionales del sector. Aportando el 10% de todo el consumo de la isla, de la limitada condición de usuarios han pasado a prodigar para sí mismos y el resto del territorio una porción importante de la fuerza que potencia la vida en el Estado Libre Asociado.
En este país se ha logrado un desarrollo esperanzador de la alternativa solar aunque las reglas del juego de la producción y distribución de la corriente eléctrica eran hasta ahora desfavorables a los cambios que por muchos lugares del mundo van dejando atrás la matriz energética atada al crudo ominoso que destroza la atmósfera terrestre. La proporción local de esa energía limpia y casi regalada solo llega a la mitad de la que obtienen los hermanos portorriqueños.
La República Dominicana queda abierta a la introducción de energía solar sin la pesadez de trámites y plazos interminables hechos valer desde la sombra con anuencia de autoridades dóciles a quienes hacen magnífico negocio como proveedores de una energía costosa y hostil al ambiente tragando inmensidad de dinero de los contribuyentes a través de subsidios del Gobierno mientras el renglón estatal de la intermediación sucumbe a la ineficiencia y al déficit de cobros que cava un hoyo profundo y riesgosamente creciente en las finanzas públicas.









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