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Sabina Urraca: "La 'víctima perfecta' de maltrato es un ideal que no existe"

Con prosa envolvente y una voz literaria arrasadora, la escritora construye en 'El celo' una historia sobre el poder de las historias que explora la animalidad inherente al deseo y los paradójicos rostros que puede adoptar el dolor.

"¿Cómo se podía odiar tanto a alguien y a la vez ser incapaz de existir sin él?", piensa La Humana, protagonista sin nombre de El celo (Alfaguara), ya avanzada la novela. Y es que, en ocasiones, al hablar de amor y miedo, de dolor y deseo, Todo se mezcla, concluyen sus personajes como un mantra.

El celo cuenta la historia de una joven de treinta y pocos años que, un buen día, en una fiesta, encuentra una perra abandonada que decide seguirle a casa. Conforme su relación con el animal avanza, se van desvelando todos los traumas y miedos que encierra, fruto de una relación abusiva y malograda, pero también de la educación recibida, de los estereotipos sociales, de su propia visión de sí misma...

"Hace muchos años que la idea de este libro contamina mi vida. No mi escritura, porque he hecho otras cosas, pero sí la idea bullendo ahí dentro", explica a La Lectura Sabina Urraca (San Sebastián, 1984) en la terraza de un bar cercano a Matadero Madrid, en el barrio de Legazpi, donde transcurre la historia. Al lado, el patio y la higuera que la protagonista ve desde su ventana. "Se juntaron varias cosas: sensaciones que tenía como no querer adiestrar a mi perra, esa resistencia a la domesticación, con que acababa de salir de una relación muy jodida, e iba a una terapia de mujeres maltratadas parecida a la que sale en el libro", explica. Y ambas ideas, los problemas de domesticar a un animal, de intentar evitar algo tan natural como el celo, y las historias de maltrato, confluyeron.

"La novela empieza con el celo de la perra y, al principio, con el título me refería a ese celo, pero luego me di cuenta que el concepto del celo, esta especie de ansia, de persecución de algo, de comportamiento animal, era extensible a todo, desde obviamente el celo y la ansiedad sexual, hasta los sentimientos románticos, la dependencia afectiva o la defensa de los hijos, por ejemplo", reflexiona la escritora.

"Las órdenes de alejamiento son estupendas, pero son sólo la dimensión social del asunto. De la parte psicológica apenas se habla"

"Yendo a terapia, enseguida me di cuenta de que muchas de esas mujeres nunca iban a salir de esas relaciones terribles, algo de lo que nunca se habla cuando se trata el tema de la violencia de género. La protección y las órdenes de alejamiento son estupendas, pero esa es sólo la dimensión social del asunto. De la dimensión psicológica, del impulso que ata al maltratado al dolor, a su maltratador, apenas de habla", reitera.



De ahí nace la idea del maltrato como maldición, porque es una relación que puede trascender incluso a la muerte. "Y no sólo en relaciones de pareja. Hay gente cuyos padres murieron hace muchísimos años y siguen acogotados bajo ese yugo de alguien que te ha convencido de determinadas cosas. Todos tenemos eso en mayor o menor medida, de nuestra familia, de relaciones que hemos vivido y cargamos un poco con esos personajes que están dentro de nosotros. Pero en el caso de estas mujeres, es una cosa muy acusada".

Así que sí, el maltrato y sus consecuencias más profundas es un tema capital de la nueva y esperada novela de la escritora, pero ni mucho menos el único. Que el lector no espere una historia condescendiente o convencional. Este es un libro de Sabina Urraca, y si bien el dolor está ahí, se intercalan un humor ácido y deslumbrante, que explora todo lo que de ridículo tenemos los seres humanos, y con una lúcida mirada a los porqués de cómo somos. Todo ello narrado con una prosa envolvente y punzante, cruda e incómoda, capaz de hablar sin tapujos y de enfrentar al lector con sus prejuicios y contradicciones. "Incluso en un ambiente pretendidamente feminista, todo depende de qué lado estés. Cuanto más nos adentramos en el tema del señalamiento, siento que todos nos vamos colocando en un lado o en otro. Pero yo he estado en los dos lados", confiesa.

"De pronto me he visto en una situación en la que alguien señalaba un amigo mío. Y al mismo tiempo, yo también he hecho amago de señalar a alguien. Entonces hay que pensar: ¿cuál es la manera correcta de hacer algo así? Soy feminista, pero entiendo perfectamente que no es tan sencillo posicionarse en esta situación", apunta Urraca, que en la novela explora diversas tipologías de personas afectadas y la dificultad de comprender desde fuera la naturaleza de este tipo de relaciones. "En estos tiempos tan dogmáticos, a la gente le resulta difícil entender los matices, la contradicción. Además, desde fuera, es muy fácil ver una situación así como una peli y decir este es el bueno, este es el malo. Pero desde dentro todo es mucho más complicado, todo se mezcla. El ser humano es muy complejo, yo he visto víctimas defendiendo a sus abusadores en un momento dado".

"En estos tiempos dogmáticos, a la gente le resulta difícil entender los matices, las contradicciones"

E incluso, como ocurre en el libro, volver conscientemente con una persona que sabe que le va a matar. En esos momentos, asegura, "es muy difícil ayudar a una víctima, creerla hasta el final, apoyarla en todas las situaciones, porque muchas veces, y esto casi nunca se habla, está absolutamente enamorada o enganchada de una forma terrible a esa persona". Sin embargo, insiste, "existe una idea social de cómo deben comportarse, de que son mujeres destrozadas a las que hay que salvar las garras del demonio. Y no, una víctima no es una víctima perfecta, es una persona cambiante. Todos tenemos demonios dentro, todos somos mil cosas, así que el encasillamiento en ese papel es un peligro también".

Realidades duras que la escritora expone sin ahorrar una pizca de crudeza, con un lenguaje primario y preciso. "Es lo que me gusta a mí como lectora. También me gusta el humor, y lo uso, pero situaciones tan jodidas como estas no se pueden contar desde un lugar no incómodo". Y pone un ejemplo. "En la novela, un personaje elude usar expresiones como sexo o coño, no se atreve a decir, a nombrar. Yo no le veo sentido a contar las cosas así de veladas, me parece que hay que ir a la esencia, a la sustancia de la realidad".

"TU SILENCIO NO TE SALVARÁ"

Esta visión ha convertido a Urraca en una exitosa editora, que, además de pelotazos como Panza de burro, de Andrea Abreu, ha dirigido desde 2023 el catálogo del sello Caballo de Troya, del grupo Penguin Ran-dom House, dedicado a debuts narrativos. Como todo escritor, incluye en la novela experiencias y emociones personales, pero defiende, ante todo, la idea de ficción. Tras dos novelas en las que se vio salpicada por el actual virus de autoficción, la escritora reivindica la literatura. "Yo soy todos mis personaje, como ocurre con todos los escritores, sus personajes son sus hijos y salen de él. Sé que habrá gente que lea el libro y diga 'es Sabina con su perra contando su relación de maltrato' y alguien quiere caer ahí, bienvenido sea, ya no me voy a enfadar por eso. Yo no hago autoficción, pero voy a seguir robándole a la vida todas las cosas que a mí me de la gana y me parezcan útiles. Eso es escribir".

"Yo no hago autoficción, pero voy a seguir robándole a la vida lo que me de la gana. Eso es escribir"

Otro pilar clave de El celo es la importancia de la palabras, el poder que tienen las historias para configurar nuestro mundo y a nosotros mismos. La protagonista, de hecho, se cree víctima de una maldición que le impide hablar. El silencio, lo no nombrado, se revela como una herencia secular. "Ella está absolutamente apegada a las narraciones y cuando le viene este tío con un cuento tan envolvente, entra de lleno en él. Es casi como si se hubiese criado en una religión en la que las cosas funcionan de esta forma, a través de cuentos, de historias fascinantes, y de pronto llega como un sumo sacerdote cuentacuentos y la atrapa. Y ella, claro, no se puede salir de eso", explica la escritora.

El miedo a nombrar en generaciones anteriores está en la figura de su abuela, fuente de toda clase de historias, pero también de silencios. "Son mujeres que se murieron habiendo callado un montón de cosas, porque ni siquiera contemplaban que eso se pudiese contar", apunta Urraca. "Según como sea el organigrama social, en entornos pequeños como los pueblos, o si el tío, como ha pasado tantas veces en los últimos tiempos, es famoso, o simplemente es muy guay y todo el mundo adora, estás jodida, debes quedarte callada".

Por eso el libro insiste: "Tu silencio no te salvará". La clave, opina Urraca, está, al contrario, en las historias. Como dice la novela, en contar otro final diferente. "Es increíble cómo el modo de narrarnos las cosas es capaz de cambiar los recuerdos, de modificar y deformar absolutamente la realidad. Desde que existe el mundo somos historias que nos vamos contando, eso es la literatura, y en ella, como en la vida, hay que hacerse fuerte en el relato", concluye.

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