No solo roba la infancia/ Tecnólogo alerta que el algoritmo roba infancia; deben intervenir rápido
Los niños calman una rabieta si les dan un celular. La infancia mira hacia abajo, en la misma dirección de las pantallas, esto requiere efectiva y rápida intervención.

El experto en tecnología y ciberseguridad Argelis de Jesús Noesí alertó sobre el uso de pantallas en la población infantil, pues educan a una generación de pequeños hipnotizados, tranquilizados por estímulos digitales y moldeados por contenido que ni los adultos conocen.
El tecnólogo está preocupado, pues lo que ve en adultos y en niños, es que hay una generación que actúa como zombi. En el caso de la infancia, el algoritmo se la está robando. “Hubo un tiempo en que la infancia olía a tierra mojada, a sudor de patio, a rodillas raspadas y a tardes interminables de inventar mundos con cajas vacías y piedras convertidas en tesoros”.
Los niños no necesitaban pantallas para viajar, bastaba una sábana para convertirla en una nave espacial, una silla podía ser un castillo y una sombra en la pared era el inicio de una aventura, recuerda.
Los juguetes
Noesí asegura que ya hay hogares, en los que el primer juguete de los bebés no es un sonajero, es una tableta, el primer compañero que los calma no es otro niño, ni la voz paciente de sus padres, es un vídeo que se reproduce sin cesar.
La primera forma de entretenimiento no nace del juego, sino de un algoritmo, lo que es lamentable. La infancia que antes era un territorio de descubrimiento, imaginación y contacto humano, está siendo reemplazada por una experiencia más conectada, más rápida y paradójicamente más vacía, asegura el tecnólogo. Pide tomar en cuenta resultados de prueba Pisa dados a conocer.
El real enemigo
Asegura que la tecnología no es el enemigo, el enemigo es el uso desmedido a temprana edad, sin límites, sin propósito y sin la supervisión de un adulto, es confundir silencio con bienestar, distracción con educación y consumo digital con compañía. A su juicio, el debate no es si los niños deben o no conocer la tecnología, el debate es si se está permitiendo que la tecnología conozca, moldee y capture a nuestros niños antes de que ellos se conozcan a sí mismos, plantea el profesional.
Retener la atención
La mayoría de los padres cree que sus hijos simplemente “ven muñequitos”. Sin embargo, plantea, detrás de esa aparente inocencia opera una arquitectura diseñada para retener su atención. ¿Quién decide qué vídeo aparece después? ¿Quién decide qué personaje se repite? ¿Quién decide qué sonido, qué color, qué ritmo y qué estímulo mantiene al niño mirando? La respuesta es incómoda, un algoritmo, afirma Noesi.
Asegura que el algoritmo no fue creado para formar seres humanos equilibrados, fue creado para maximizar permanencia, hacer clic, lograr vistas, repetición y aumentar el consumo.
El algoritmo no prioriza necesariamente lo más sano, sino lo que retiene. No premia siempre lo más educativo premia lo que genera interacción.
No entiende el desarrollo emocional de un niño interpreta señales de conducta. No distingue entre calma y dependencia, mide atención.
La niñera digital
En este análisis, el profesional de la tecnología asegura que los padres no entregan una pantalla a sus hijos por maldad, lo hacen por cansancio, por presión, por necesidad, por culpa o por supervivencia emocional, aunque la vida moderna exige demasiado trabajo, sumado al estrés producido por el tráfico.
“Por eso no es de extrañar que, en medio del agotamiento, el celular parece ser una solución mágica: Un niño llora y el vídeo lo calma. Un niño se aburre y la tableta lo entretiene. Un niño se inquieta en un restaurante y el celular evita una escena incómoda”.
El problema es que lo que comienza como un recurso ocasional puede convertirse en rutina, y cuando la rutina se repite, el niño aprende una formula silenciosa: Si lloro me dan el celular, si me aburro me dan la tableta, si me altero me calman con un vídeo, si necesito atención una pantalla responde primero, argumenta Noesi.
Poco a poco la tecnología deja de ser entretenimiento y empieza a ocupar un lugar emocional, analiza el especialista en tecnología. La pantalla ya no solo distrae también regula, ya no solo acompaña, sustituye, ya no solo entretiene, “educa”. Y ahí comienza el peligro, porque una pantalla puede silenciar a un niño, pero no puede enseñarle a comprender lo que siente. Puede detener un berrinche, pero no formar carácter. Una pantalla puede llenar un momento de ruido, pero no reemplazar una mirada, un abrazo, una conversación o un límite amoroso. Una pantalla no enseña valores ni nunca podrá sustituir el conjunto de acciones formativas, fomentando límites claros, relaciones de confianza, respeto, comunicación efectiva, sensibilidad y desarrollo, por citar solo algunos aspectos de la educación infantil, indica Noesi.
La orfandad digital
El tecnólogo afirma que existe una forma moderna de soledad infantil que no ocurre en hogares abandonados o disfuncionales, sino en hogares conectados. que viven con sus padres, comen con sus padres y duermen bajo el mismo techo que sus padres, pero emocionalmente crecen solos.
Preocupados por situación
Comunidad científica
Diversas investigaciones sobre desarrollo infantil han encontrado una relación preocupante entre el exceso de tiempo frente a pantallas y la reducción de la conversación entre padres e hijos. A mayor exposición pasiva suelen disminuir las palabras adultas dirigidas al niño, sus intentos de vocalización y los turnos reales de diálogo. El hallazgo es relevante porque los niños no aprenden a hablar solo escuchando sonidos, aprenden a hablar dentro de una relación, aprenden mirando gestos, esperando turnos, imitando tonos, respondiendo a emociones, equivocándose y siendo corregidos con paciencia. Una pantalla puede emitir palabras pero no conversa, no escucha, solo repite





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