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  • revistalaprensa55

La movilización espectacular de Jorge Blanco hacia la frontera



Guarionex Rosa

Santo Domingo

A raíz de la “poblada” que se inició en la República Dominicana el día 23 de abril de 1984, durante el gobierno del presidente Jorge Blanco, por la televisora Tele Haití, se difundieron en su noticiario estelar de la noche, imágenes de tanques en las calles y soldados disparando que correspondían a la guerra en El Salvador. Las tanquetas RMG, diseñados por el general Ramiro Matos González, quien era a la sazón secretario de las Fuerzas Armadas, salieron a las calles el día 24 y 25 al parecer acción culpable en parte de la mortandad ocurrida y que tiñó de sangre al régimen, evitando todo chance de reelección como se quería. Las imágenes que presentó Tele Haití, dirigida por el periodista Ady Jean-Gardy, cuando se inició la “poblada” como le llamaría el profesor Juan Bosch, buscaba desacreditar a la parte dominicana en pleno régimen haitiano de Jean Claude Duvalier. Detrás de Jean-Gardy estaba la mano maestra de Roger Lafontant, ministro de Interior y Defensa. Lafontant estudió medicina en México, pero su fuerte fue la política. Participó en la represión con los paleros de los estudiantes universitarios de la Universidad de Haití, que fueron los primeros opositores públicos del régimen de Francois Duvalier que asumió el poder el 22 de octubre de 1957 tras un fraude electoral. Lafontant era en la época de la “poblada” el ministro de Interior y Defensa Nacional. En mi calidad de embajador extraordinario y plenipotenciario dominicano en Puerto Príncipe le solicité directamente una cita urgente para tratarle lo que pasaba en RD. Le advertí en términos corteses, pero firmes, el error en que incurría Tele Haití. Haití aprende de RD Le dije al ministro Lafontant que lo que estaba ocurriendo en la República Dominicana era un mal ejemplo para su país, controlado con puño de hierro por Jean Claude Duvalier, el hijo de Papá Doc, quien había asumido el poder por herencia tras la muerte de su padre en 1971. Lafontant era el segundo al mando en Haití. Y que Haití aprendería del mal ejemplo. Advertí también que los haitianos verían que podrían más adelante hacer lo mismo frente al gobierno en plaza, como hacen ahora cerca de 40 años después de aquellos infortunados acontecimientos que causaron docenas de muertes, ahuyentaron el turismo y significaron una mancha para el Partido PRD. El ministro me respondió que hablaría con Tele Haití para que cesara la incitación televisiva y la difusión de noticias falsas. No fue necesario porque entre el 24 y el 25 de abril las tanquetas y los soldados dominicanos que se escudaban en ellas dispararon contra las multitudes manifestantes cayendo muchos inocentes, caso parecido a lo de El Salvador. El país quedó en llamas de gomas incendiadas en todas las ciudades dominicanas excepto Jimaní que en esa época dependía en todo de las Fuerzas Armadas, además de ser una comunidad diminuta que miraba más hacia Haití para su mantenimiento que a Santo Domingo. Los disturbios interrumpieron el flujo comercial entre los países. En la embajada dominicana tuvimos una angustia mayor por cuanto el embajador de Alemania había cruzado en su auto la frontera en viaje de turismo y se topó con los desórdenes en la ciudad de Azua. Por fuentes diplomáticos supimos que había logrado sortear la situación y que se refugió en un hotel de Santo Domingo. La cuestión es que con la “poblada” de abril de 1984 cuando el gobierno incrementó los precios de los artículos de primera necesidad en lo que se dijo que fue “un palo acechao” a los dominicanos que se habían ido al interior por el asueto de Semana Santa, los haitianos conocieron el camino de la protesta y el desorden callejero. Lo que le advertí al entonces ministro Lafontant, él lo vivió en carne propia tras intentar el derrocamiento de la presidenta Ertha Pascal -Trouillot, en 1991. Lafontant fue arrestado, juzgado y condenado a cadena perpetua. Durante otro intento de golpe, el médico, ex ministro y ex jefe de los Ton Ton Macoutes, fue asesinado en prisión. Los haitianos han aprendido a perseguir a los enemigos que pierden el poder con el suplicio de Pere Lebrun, el collar de un neumático encendido que al final causa la muerte a la víctima, o con la tierra arrasada que aplicó Dessalines al inicio de la república contra los colonos extranjeros y los que favorecieron la esclavitud. Un gobierno paranoico El de Jean Claude Duvalier fue un gobierno paranoico. El mismo presidente lo era y veía complots y amenazas a su vida en la persona y grupos menos indicados. Por ello Lafontant me visitó en horas de la madrugada mucho antes de los sucesos dominicanos para que transmitiera a la RD un pedido del presidente. Lafontant fue a casa con el ministro de Hacienda, Merceron cuando ya yo estaba dormido en mi habitación; despertaron al soldado de custodia del Ejército Nacional y pidieron hablarme. El soldado tenía llaves de la residencia por lo que me tocó en la habitación y me informó que allí estaban los dos ministros mencionados que querían verme. Era una visita extraña, inusual para todos modales diplomáticos. Me cambié con saco sin corbata y los recibí en la sala de estar con solamente una lámpara encendida como luz para evitar la curiosidad de mis vecinos del sector Péguy-Ville, cerca de Pétion-Ville donde estaba la residencia oficial, que por su mal estado nunca ocupé. Lafontant me dijo que el gobierno de Haití tenía informes de que estaba en camino una invasión hacia su territorio desde un punto llamado Salinas y que la encabezaba Bernard Zanzarick, con la finalidad de armar una revolución y derrocar al presidente Duvalier. Zanzarick era un legendario enemigo de los Duvalier desde la época de Francois. Zanzarick, un mulato casi blanco había vivido exiliado en República Dominicana después que bajo Duvalier fueron asesinados sus padres y otros parientes, según cuenta Bernard Diederich en su libro “Papá Doc y los Tonton Macoutes”. El gobierno haitiano estaba aterrorizado de lo que en realidad era una invasión fantasma. El gobierno de Jorge Blanco hizo una movilización espectacular hacia la frontera con un gasto que nadie nunca daría cuenta, pero el régimen haitiano mantuvo silencio. Nunca reconoció públicamente la existencia de tal invasión y puso en ridículo a las Fuerzas Armadas y a la Cancillería dominicanas.

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