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  • revistalaprensa55

La maldición de la ñoña



Julián Padilla

Santo Domingo, RD

Gobernar para la nación, algo que luce ser una propuesta obligada para cualquier candidato político de cualquier partido y en cualquier proceso electoral, se vuelve rápidamente: en una utopía, en falsos sueños y promesas de campaña que jamás han sido cumplidas. Les basta con tener el “derecho” de colocarse la banda presidencial en nuestro país, para que comiencen otros colores distintos al rosa, a liderar las posturas y decisiones que se toman, muchas veces a espaldas del propietario real de la nación y soberano, el pueblo dominicano. Gobernar la nación es sinónimo de hacer lo que se nos viene en gana, pues para ello tenemos el poder y siempre con la creencia, de que con populismo (pan y circo) se pueden manipular las masas y entonces juramos que tenemos una democracia. Parece que gobernar la nación no es pensar en su bienestar, sino en dar cabida a una cantidad de proyectos personales de funcionarios, allegados y trepadores de las cúpulas gobernantes, proyectos que se disfrazan de bienestar, pero que en el fondo no son más que negocios de donde se surtirán los nuevos millonarios, los nuevos semidioses y los nuevos aspirantes a señores feudales. Con ello financian su excelente calidad de vida, la de sus nietos y además pueden perpetuarse con sucesivas reelecciones. Luego usted puede verlos cada cierto tiempo mostrando sus rostros en las redes sociales con mensajes hasta filosóficos, después de defalcar la nación y de enriquecerse impunemente en la nación que era de Duarte y ahora la desean los Santanistas. Y luego, con el paso del tiempo, comienzan a pulular los corales, las medusas, los pulpos y otras alimañas en el quehacer de nuestra cotidianidad y voluminosa biodiversidad de bandidos en la política. Dadas estas realidades totalmente acordadas por los actores políticos que se encargan de engatusar cada cuatro años a la población, el accionar de los políticos se basa en un paradigma cruel: que le vaya mal a quien gobierna para poder hacer oposición y si no somos gobierno lograr una cuota de poder. Esto basado en el principal cáncer que corroe la nación, la ambición de poder y el virus contagioso de la ñoña, piedra angular de cada nuevo enfermo y amante de su carguito, de ahí que todos tocan la guitarra y el violín a conveniencia pero si se tercian la ñoña: van por la reelección. Por otro lado privilegios que atentan contra la dignidad colectiva deben desarraigarse para siempre: La inmunidad parlamentaria, la jurisdicción privilegiada, el enorme poder que se sustenta en la idea heredada pero implementada de “mi congreso”, brillante idea para perjudicar al pueblo dominicano y convertir en ley cada nuevo invento, pero olvidando que nos hemos prostituido tanto que en lugar de país tenemos una selva donde hace rato viene ganando batallas la delincuencia, la natural y a la que los bandidos de la política invitan, para de una vez por todas modificar el estado de cosas y recuperar el poder que solo le pertenece al pueblo dominicano. Ha sido una estrategia perfecta adornada por las siempre plumas prostitutas que hace rato vendieron su alma al diablo y que ahora endosan su “falso liderazgo de opinión” para apoyar a quienes les mantienen la panza llena. A veces pienso que en este contexto, que lo que vemos como desorden y caos le podría permitir al pueblo haitiano salir fortalecido. Si realmente logran ponerse de acuerdo aquellos que realmente aman su nación. No los que como aquí viven pululando en los pasillos de los poderes supranacionales para agenciarse el poder y mantenerlo a cualquier precio. La maldición de la ñoña campea en nuestro escenario político. Todos quieren reelegirse: presidentes, diputados, senadores, alcaldes, regidores, gobernadores. Menos el pueblo dominicano, que amenaza con despertar del sueño y que no tolera más las mentiras y los abusos de funcionarios y gobiernos que no dejan de ser corruptos y saqueadores del erario. Pues ahora somos gobierno y ahora me toca a mí. La República Dominicana debe verse en el espejo de Venezuela, Nicaragua, Cuba, Perú, Colombia, Brasil, Haití (Ah pero son todos en LA, es el mismo espíritu de saqueo y de engaño colectivo que trajo Colón). Y que de una vez y por todas imponga su soberanía y obligue a los mayordomos de turno que son los gobernantes y funcionarios, a que le sirvan con amor, dignidad, honestidad y excelencia, o se vayan, con la ratificación a medio término que hemos propuesto desde hace un año. Y no tener que esperar cuatro años para desalojar a quien sea que se crea que ha adquirido una nueva finca y que puede hacer y deshacer, no solo con el erario, sino con los activos más importantes de la nación: la dignidad humana y la identidad dominicana que jamás serán negociables.

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