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Espaillat, el olvidado



MU-KIEN ADRIANA SANG

“Al dejar el puesto en donde no tuve tiempo para realizar el puesto donde no tuve tiempo para realizar algunas, siquiera de las muchas legítimas aspiraciones de esta sociedad, deseo con toda sinceridad que el ciudadano, que debe reemplazarme, logre el fin que yo no pude alcanzar.” Ulises Francisco Espaillat. Despedida.

El 9 de febrero de 2023 se cumplieron doscientos años del nacimiento de este ilustre ciudadano oriundo de Santiago y del mundo. Habiendo nacido de una familia rica, Espaillat no dudó nunca de unirse a las filas liberales de su ciudad natal, siendo un activo participante en la Guerra de Restauración.

A pesar de su formación como farmacéutico, era un gran lector de los autores de moda, y en sus artículos que publicaba en la prensa nacional hacía propuestas de cómo solucionar los problemas de la sociedad dominicana; pero lo que nunca pensó es que en sus propias filas existían opositores a sus ideas; o, mejor dicho, se oponían a su visión ética del ejercicio público. Por esta razón, a pesar de haber ganado las elecciones con la inmensa mayoría de votos, no pudo permanecer más que siete meses en el poder. Los intereses de sus partidarios fueron superiores a su deseo de construir una mejor República Dominicana.

He decidido en este Encuentro seleccionar algunas de sus frases más significativas, recordándolo en el bicentenario de su nacimiento:

  1. Defensor del Estado regido por la Constitución y las leyes, era un admirador del modelo anglosajón, especialmente de Inglaterra: “¡OH! ¡Inglaterra patria de mi querida Julia las buenas leyes, donde el amor patrio es enfermedad endémica, y donde jamás se deja para mañana lo que de hacerse tiene! Cuánto debes quizás a la superioridad incontestable de tus ganados del mismo modo que nosotros tal vez debemos todos nuestros desaciertos e incongruencias a la miserabilidad de nuestro sancocho.”

  2. Admiraba al pueblo de los Estados Unidos, como un modelo que debíamos imitar: “¿Será un sueño que la República Dominicana, la sonrojada, la vilipendiada, la azotada de ayer, dirija la vista, no a su pasado (…) sino al país de los hombre libres, a los Estados Unidos de Norte América y contemple la conducta de los senadores de aquella gran República que no temieron incurrir en las iras del poder, denunciándolo ante la Nación, por haber violado la Constitución del Estado?”

  3. Era un defensor del verdadero Estado de Derecho: “La ley y solemnemente la ley está llamada a salvar a esta sociedad, Es preciso, es indispensable que la justicia sea una verdad.”

  4. Pero, y es importante, era un defensor a ultranza de la libertad: “La principal aspiración en mi entender es la nobilísima aspiración de la libertad.”

  5. Defensor apasionado de la democracia y opositor rabioso de la dictadura. “La dictadura palabra terrible, señores, que envuelven sí nada menos que la muerte de la libertad y la felicidad de todos un pueblo y sin embargo, palabra trivial para algunos.”

  6. Consciente de las ambiciones abogaba por la fórmula de la tolerancia: “Señores egoístas que me infundís miedo y a un pavor, que os sea permitido ver con indiferencia el progreso intelectual, moral y material de vuestro país; que os sea lícito desdeñar toda noble idea que no sea la de ganar dinero que todo os sea indiferente, menos las revoluciones, cuyo principal resultado es menoscabar la riqueza pública.”

  7. Proponía la unificación de los partidos para la eliminación de las guerras civiles: “unifiquemos los partidos; para esto es tan solo necesario que la administración venidera se base sobre los principios de la más estricta justicia. Que de hoy más no haya en nuestro infortunado suelo más diferencia entre los ciudadanos que la que existe entre la virtud y el vicio.”

  8. Como buen liberal positivista, era partidario del progreso. “El progreso es lento en todas partes, no marcha a saltos, sino progresivamente.”

  9. Abogaba por la educación de la mujer y de los jóvenes, mostrando una visión muy avanzada para su época.

Pero, como buen positivista abogaba por la introducción de migrantes blancos que permitieran mejorar nuestra raza y con ello mejorar nuestra capacidad de trabajo. Prefería a los norteamericanos, y en última instancia a los alemanes; pero no a los españoles ni a los franceses. A los españoles le responsabilizaba por nuestra herencia y a los franceses los llamaba demasiado cómodos, que preferían beber vino antes que trabajar duro. Con sus ideas contradictorias, liberal a ultranza por un lado, y positivista siguiendo la tónica de Sarmientos, Espaillat fue un hombre de convicciones firmes, que sobre todo, abogaba por la paz, el ejercicio ético del poder y el diálogo como forma de dirimir nuestros conflictos (su tesis de la fusión).

No pudo estar en el poder más que siete meses, teniendo que enfrentar a muchos levantamientos armados. Pero el prefirió renunciar antes que expandir la sangre para defender su legítima posición de presidente. Al salir de la presidencia quedó abatido y triste, y por eso le escribía a Luperón, después de haber llegado a su amado Santiago que nada “levantaría la lápida con la que fueron enterradas todos sus ilusiones.” Casi al final de sus días, el escritor Federico García Godoy se encontró con él y al verlo quedó tan conmovido que escribió :“Tenía cincuenta y tres años y parecía un anciano de sesenta, encorvado, prematuramente envejecido, con la cabeza cubierta de blancos hilos, como si en ella se hubiera amontonado la copiosa nevada de dolores infinitos. (….) Su rostro enflaquecido, pálido; sus mejillas (…) hundidas; sus ojos de amortiguado fulgor como cansados de contemplar en torno suyo bajezas e ignominias, le prestaban cierto pronunciado parecido como no de esos santos del catolicismo (…) Cuando pasó cerca de mí me descubrí con religioso respecto como otras personas que se encontraban a mi lado. Aquel vencido era el símbolo augusto de la virtud republicana hecha carne que pasaba.”

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