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  • revistalaprensa55

Definición: Ícono de la izquierda y ultraderechista



Muchos lo enterraron políticamente cuando fue encarcelado por corrupción, pero el ícono izquierdista Lula anhela un tercer mandato para “arreglar” el país y devolver “la felicidad” a los brasileños, que conocieron años de prosperidad durante sus primeros gobiernos.

Durante décadas, Jair Bolsonaro transitó por la vida política sin pena ni gloria. Hasta que se convirtió en el primer líder de extrema derecha elegido en Brasil, y tras un mandato convulso se dice seguro de su reelección.


Lula

Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años recién cumplidos, resucitó cual ‘ave fénix’ en la política tras la anulación de su condena por la corte suprema y este domingo encara la segunda vuelta de su sexta elección presidencial, frente al ultraderechista Jair Bolsonaro.

Y las encuestas lo muestran como favorito, aunque por pocos puntos.

“Precisamos arreglar este país (...) para que el pueblo brasileño vuelva a sonreír”, dijo estos días el exsindicalista salido de la pobreza, que durante su campaña ha prometido recuperar el poder adquisitivo para que la gente “pueda volver a comer una picaña (tipo de corte de carne muy popular en Brasil, ndlr) y tomar una cervecita” los fines de semana.

Dos veces presidente entre 2003 y 2010, Lula dejó el poder con una popularidad de casi 90% tras una gestión en la que 30 millones de los más de 200 millones de brasileños salieron de la pobreza. Y se granjeó un enorme prestigio internacional como piloto del “milagro” económico brasileño, empujado por los altos precios de las materias primas.

Aunque de ganar, no podrá contar con la misma bonanza: si bien la economía da señales de mejoría, con crecimiento, menos inflación y más empleo, está lejos de la prosperidad de los años 2000.

Una diminuta cabaña de barro, réplica de la de su familia cuando nació el 27 de octubre de 1945, recuerda sus orígenes humildes en el empobrecido noreste de Brasil.

Séptimo hijo de un matrimonio analfabeto, Lula fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara, como millones de coterráneos, a la industrializada metrópoli de Sao Paulo.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas. A los 14 años inició su formación de tornero, perdió un meñique al manipular una máquina y al final de la década de 1970, como líder del sindicato de los metalúrgicos, lideró una histórica huelga que desafió a la dictadura militar (1964-1985).

Bolsonaro

Este excapitán del ejército nostálgico de la dictadura militar (1964-1985), de 67 años, intentará el domingo imponerse en un balotaje ante el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que venció la primera vuelta (48% a 43%) y continúa como favorito en los sondeos, aunque por poco.

Bolsonaro ha planteado los comicios como una batalla entre “el bien y el mal”.

Tras casi cuatro años en el poder, mantiene su gusto por los exabruptos, los desafíos a las instituciones y la polarización de la sociedad brasileña. Admirador del expresidente estadounidense Donald Trump, Bolsonaro sigue contando con el apoyo de buena parte de quienes le auparon en 2018: los influyentes ‘lobbies’ de las armas, el agronegocio y el vasto electorado evangélico.

Tras advertir durante meses que podría estar gestándose un fraude -alegando sin pruebas fallas en el sistema electrónico de votación-, en la recta final de la campaña dio a entender que aceptaría una eventual derrota.

“Si la comisión de transparencia, en la que también participan las Fuerzas Armadas, no presenta nada de anormal, no hay por qué dudar del resultado de las elecciones”, dijo Bolsonaro en una entrevista televisiva.

Jair Messias Bolsonaro nació en 1955 en Glicério, un pequeño pueblo en el interior de Sao Paulo, en una familia de origen italiano.

Aprendió a pescar y buscar oro con su padre, Percy Geraldo Bolsonaro, ‘garimpeiro’ en la selva de Pará durante los años 1980.

Estudió en la academia militar en Rio de Janeiro y entró a la vida castrense, salpicada de episodios de insubordinación, como cuando publicó un artículo en la prensa criticando los bajos salarios de los militares. Estas acciones lo empujaron a la política.

En 27 años como diputado en Brasilia, fue autor de solo dos proyectos de ley aprobados.

Llamaba la atención sobre todo por sus exabruptos, como cuando dijo a una diputada en 2014 que era “demasiado fea” para ser “violada”.

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