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  • revistalaprensa55

Claves para descifrar un enigma en Con el Caribe al fondo, la novela policíaca de Piña-Contreras



AMABLE MEJÍA

La novela policíaca consiste en retardar y dar con una lectura, atenta y amena, en revelar quién mató y por qué. Lo que da pie al morbo, a veces, que el crimen ocurre por el hecho menos imaginable que, muchas veces, posee este género de inteligencia; pues envolver en una trama agotable (porque tarde o temprano se tiene que conocer al asesino), es donde radica el gusto por esa lectura, es decir, los detalles grotescos o banales del mismo.

En Con el Caribe al fondo de Guillermo Piña-Contreras (Memoria Viva editorial, 2022), nos abismamos a una trama agotable y a la vez sutil en detalles, tanto del crimen, sus razones (de antemano, pasional), oculta en un personaje de apenas de trascendencia a saber en el discurrir del relato, con el dominio sulfuroso de la prosa bien escrita. Está demás decir que Con el Caribe al fondo se lee con fluidez y que es, a la vez, un saber de la ciudad de Santo Domingo, de hechos históricos, personajes tanto políticos como de la cultura nacional, cuyo conocimiento, por parte del narrador, fluye en órdenes como la literatura, la pintura, la arquitectura e incluso del medio social en sus respectivos abolengos. Estos podrían asombrar en otro escritor, pero no en el de la presente novela, que conoce a fondo la ciudad de Santo Domingo y su historia puesta a prueba en esta ficción cuyo rótulo “Novela Policíaca” vendría siendo algo así como: “pueblo chico, infierno grande”. Podría dudarse, pero se caería en el equívoco.

Personajes, unos ficticios, otros reales de la sociedad dominicana y un largo etc., sin que la trama tenga nada que ver con el hecho alguno de la realidad nacional, aunque se piense de manera consistente, pero en eso consiste novelar, administrar el misterio y después dejarlo caer cual cuchillada, en este caso al final.

Esta novela policíaca tiene que ver con el desarrollo de la ciudad, modernamente hablando, como tal, pues la novela policíaca es propia de países con un desarrollo sostenido, sin importar donde se desenvuelva el lugar de la trama; de la que se precisa, además de una prosa fría, jugosa en detalles (que a esta novela no le faltan), y que, en determinado momento, por la sicología de los personajes o por el medio social a que pertenecen, resulten evidentes tras sus descripciones.

En Con el Caribe al fondo el autor logra deslindar el drama histórico tras los detalles, alusiones e ilustración de tal o cual acontecimiento horrible de la sociedad.

Es un periodista que se hace dueño de la investigación. Editor de Diario Libre; es quien lleve la “voz cantante” de la investigación. La trama que la novela policíaca obliga da que pensar y a la vez justifica las técnicas narrativas (lineal) con que el narrador relata su historia.

En El arte de la novela y otros ensayos Henry James (Chile. Universidad Católica de Valparaíso, 1973), señala, entre otros aspectos de capital importancia para intentar comprender una novela sin recetas, que puede llevarnos al acercamiento del manejo del tema en Con el Caribe al fondo: “Los asuntos artísticos son asuntos […] de ejecución; los asuntos de moralidad son cosas totalmente distintas…”. A propósito de la trama. La cita enrevesada recién es para curarse en salud de acuerdo a lo que se pueda pensar en el desenlace de la novela, muy lejos del sentir de cómo un criollo reaccionaría ante lo que desencadenó el crimen y la postura del ofendido, de reconocer estoicamente su falta y colorín colorado… este cuento solo se conoce con buscando la novela y leyéndola.

Otra cita mutilada de Henry James: “[…] la única clasificación de la novela que me parece comprensible es la distinción entre novelas y las que no lo son”, esto es para lo que digan, aun yo mismo, que Con el Caribe al fondo es una novela policíaca que se deja leer y tiene vida.

“Nunca surgirá una novela buena de una mente superficial” (Henry James). Si algo que nunca llegaría a pensarse del autor de Con el Caribe al fondo es que sea superficial, harto demostrado en el área escriptural en que se desenvuelve.

La certeza de una novela policiaca podría consistir, como en el cuento, en el clímax, generalmente perteneciente al cuento clásico, al final al igual que la novela. Según la historia de la literatura surgió con Edgar Allan Poe, allá por el siglo XIX, en Estados Unidos, pero sus cultivadores excelsos pertenecen a Europa a Francia, Inglaterra y Alemania, entre otros países. Un género de cabeza fría como suele señalarse al que plantea una trama, con sus lógicas internas de confundir, dar pistas, encontrar culpables que no los son y casi al final dar con el culpable de la manera más “inesperada”. Esto Piña-Contreras lo consigue en Con el Caribe al fondo, en la ciudad en donde ocurre el crimen y en que se desenvuelven los personajes entre la chabacanería y las frivolidades. El logro de esta novela resulta de cómo van discurriendo los posibles culpables, salpicado también por otros acontecimientos y alusiones en el que este tipo de crímenes puede convertir a la ciudad en cualquiera de Latinoamérica. Que el crimen del Arquitecto, además, de pensarse por la profesión con epítetos dudosos, fruto de una soltería inexplicable. Todos los personajes, incluyendo la historicidad de la ciudad, lugares, edificios, eventos, se busca la verdad a través del móvil del crimen.

En las novelas policíacas, todo cuanto da pie a su trama, se compone de sospechas de quien hubiese podido cometer el crimen más el móvil.

Donde todo el mundo es sospechoso, hasta prueba en contrario, da qué pensar que, en un momento dado, hasta el mismo lector, dependiendo de cómo se deje atrapar por la narración, llegue a pensar que él es el criminal.

En Con el Caribe al fondo, estamos ante una prosa cautivante que una vez comenzada la lectura se sucumbe ante lo informativo del dato histórico, ante los personajes reales o no; ante el saber de algunos y la indiferencia de otros.

En Con el Caribe al fondo fondeamos boca arriba en el agua, una ficción trabajada con esmero, pasión, buscando saber en qué camisa de once varas se está metido. Lo más meritorio es que el autor consigue que se lea con fruición, de una sentada.

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